Bernal Díaz del Castillo (Medina del Campo, Valladolid, X.1495 – Santiago de Guatemala, 1 .I.1584) fue conquistador, cronista, descubridor y explorador. Hijo del regidor Francisco Díaz del Castillo (“El Galán”) y María Díez de Rejón, adoptó el apellido “del Castillo” en Guatemala. Tuvo escasa formación académica, pero gran conocimiento de armas y una afición a las novelas de caballerías y crónicas históricas. Su fe y providencialismo marcaron su visión de la conquista.
Su principal legado es la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, redactada en varias versiones (Manuscritos Remón, Alegría y Guatemala). También escribió memoriales y cartas al emperador, a Felipe II y a fray Bartolomé de las Casas. Sáez de Santa María lo describe delgado, resistente y aficionado al chocolate.
En 1514 embarcó en la expedición de Pedrarias Dávila a Tierra Firme. Estuvo en Cuba, donde participó en las expediciones de Francisco Hernández de Córdoba (1517) y, según algunas fuentes, en la de Juan de Grijalva (1518). En 1519 se unió a Hernán Cortés en la tercera expedición, que llevó a la fundación de Villa Rica de la Vera Cruz y a la alianza con los tlaxcaltecas tras vencerles. Relata episodios clave: la emboscada de Cholula, la entrada en Tenochtitlán, el encuentro con Moctezuma, la Noche Triste (30 de junio de 1520), la victoria de Otumba y el asedio final de la capital azteca (13 de agosto de 1521).
Recibió encomiendas en Tlapa, Potochan y Chamula, participó en campañas en la región y acompañó a Cortés a las Hibueras (1524). Pese a su servicio, perdió algunas encomiendas y viajó a España en 1539 para reclamar méritos, obteniendo cédulas reales. En 1541 se estableció en Guatemala, donde recibió nuevas encomiendas, aunque las perdió más tarde. Convivió con la india Angelina (hijo Diego) y se casó en 1544 con Teresa Becerra, con quien tuvo nueve hijos.
Viajó nuevamente a España hacia 1567, participando en debates sobre las Leyes Nuevas, y regresó con beneficios y cargos, como regidor perpetuo de Santiago de Guatemala. Sus últimos años estuvieron marcados por litigios, quejas y dificultades económicas. En 1575 envió su crónica al rey, aunque esta se imprimió en 1632. Testigo de 119 combates, participó incluso en la defensa contra Francis Drake. Ciego en 1584, murió en Guatemala el 3 de febrero.
Su crónica, de gran valor histórico y literario, combina narración directa, ironía y anécdotas, defendiendo el papel colectivo de los soldados frente al protagonismo exclusivo de Cortés. Su estilo llano y vívido ha hecho de su obra una de las principales fuentes para conocer la conquista de México.
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