Carlos Luis de Ribera y Fieve (1815–1891) fue un destacado pintor e ilustrador español, considerado una de las figuras cumbre del purismo tardorromántico y la pintura de historia de la España del siglo XIX.
Nacido en Roma durante el exilio de sus padres, creció en un ambiente de alta cultura artística bajo la tutela de su progenitor, el maestro neoclásico Juan Antonio Ribera. Sus padrinos de bautismo fueron los propios reyes Carlos IV y María Luisa de Parma, un vínculo cortesano que marcaría el inicio de una trayectoria estrechamente ligada a la monarquía española.
Tras formarse en la Academia de San Fernando en Madrid, se trasladó a París, donde se convirtió en discípulo del célebre pintor francés Paul Delaroche. De él asimiló un estilo refinado y un dominio del color que le permitieron distanciarse del frío academicismo de su padre y abrazar las corrientes románticas de la época, compitiendo en talento y prestigio con su gran contemporáneo, Federico de Madrazo.
A su regreso a España, consolidó una meteórica carrera oficial. En 1846 fue nombrado pintor de cámara de la reina Isabel II, convirtiéndose en el retratista predilecto de la familia real y de la alta aristocracia madrileña. Su maestría técnica no solo se limitó al lienzo; destacó de manera sobresaliente en la pintura monumental al fresco, dejando su huella en los techos del hemiciclo del Congreso de los Diputados y en la decoración de la Basílica de San Francisco el Grande. Comprometido con la docencia y la gestión cultural, ejerció como catedrático y director honorario de la Academia de San Fernando hasta su fallecimiento en Madrid en 1891.