Respuesta a Charles Mann y su irresistible hispanofobia

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NUEVAS VOCES HISPANISTAS JUZGAN IMPROCEDENTE LA PUBLICITACIÓN DE UNA OBRA HISPANOFOBA EN LA PORTADA DE EL MUNDO

El pasado 14 de abril el diario El Mundo publicó una entrevista a un autor estadounidense, Charles Mann, en relación con su obra “1943”, Dicha entrevista se anunciaba además en la portada de dicho diario en lugar preeminente.

“1493: Uncovering the New World Columbus Created” de Charles C. Mann es una obra que intenta examinar las profundas transformaciones que se produjeron a nivel global tras el viaje de Cristóbal Colón en 1492. Mann, a través de su pretendida investigación y un estilo a veces poco accesible, presenta una narrativa que intenta abarcar aspectos ecológicos, sociales y económicos del intercambio cultural llevado a cabo por España y las culturas autóctonas.

El libro con pretensión de aportar un enfoque interdisciplinario, combina historia, biología, y economía entre otras materias pretendiendo ofrecer una visión holística de cómo el “Nuevo Mundo” y el “Viejo Mundo” se entrelazaron de maneras inesperadas. Su análisis sobre el intercambio de especies —tanto de plantas como de animales— resulta escaso en comparación con la magna obra llevada a cabo por España en lo que el mismo denomina “la revolución del intercambio”.

El libro también ha sido objeto de críticas. Muchos lectores consideran que la prosa de Mann resulta densa dificultando la lectura para aquellos no familiarizados con conceptos científicos o históricos usando además argumentos poco convincentes al exponerse de manera sesgada tratando de hacer de menos la constructiva obra española frente a la extractiva obra británica que tan negativa resultó para las poblaciones autóctonas hasta el punto de exterminar muchas de ellas.

“1493” es una obra que busca el éxito basándose en la provocación nuevamente a la civilización hispana y por eso sorprende la publicidad gratuita que el diario El Mundo le dispensa y proporciona a través de su portada del 14 de abril de 2025.

La obra ha sido considerada hispanófoba por asociaciones hispanistas agrupadas en el Protocolo de Santa Pola, entidad a la que se adscriben 50 entidades distribuidas en 13 países que la considera inexacta con respecto a la realidad histórica, sesgada en su perspectiva y califican sus argumentos en términos “cinismo inmoral” cuando llega a calificar el modelo de civilización hispana como modelo extractivo y omitiendo terribles inmoralidades cometidas por el modelo de colonización inglesa.

Otras entidades civiles como Archeros de Borgoña cuyos miembros acumulan en su historial más de 50 obras históricas, SOIDHE que concita trayectorias de más de 20 años organizando viajes de investigación y divulgación histórica por Hispanoamérica, Reinos de España con más de 20 libros editados y 200 conferencias históricas organizadas y Despertar Hispano con implantación en varios países hispanos e incluso desde el sector artístico la asociación Merlo de Sica han interrumpido su actividad cultural, investigadora y artística para  elevar su voz en apoyo al manifiesto del Protocolo de Santa Pola considerando las inexactitudes y sesgo de la obra así como lo improcedente de la atención acrítica que se le dispensa en un medio de comunicación editado en España con financiación y anunciantes españoles.

Santa Pola, a 18 abril de 2025

Sr. Director:
El Protocolo de Santa Pola agrupa en la actualidad a cincuenta entidades hispanistas distribuidas por trece países. Desde dos de dichas asociaciones (Puertas Abiertas al Mundo Hispano y Círculo Hispanista de Madrid), su presidente, Marcelino Lastra, nos envía algunas consideraciones en relación a un artículo publicado en su medio que consideramos importante hacerle llegar.
El pasado 14 de abril, Daniel Arjona entrevistó en este diario al periodista estadounidense Charles Mann, a colación de su último libro 1.493. Cómo la conquista de América transformó el resto del mundo.
Después de reconocer “la extraordinaria tradición española en defensa de los derechos humanos”, mencionando a Bartolomé de las Casas y haciendo hincapié en Francisco de Vitoria:”….cuyos discursos antiimperialistas … aún hoy podrían leerse con admiración”, el Sr. Mann comienza a desbarrar, calificando la conquista española de “extractiva”: aquella que “se limita a extraer la riqueza y no a transformar tanto las estructuras sociales locales”; mientras asegura que el modelo anglosajón se basó en el “asentamiento”, en ocupar el territorio y eliminar o desplazar a los pueblos originarios, pero creando “sociedades más viables económicamente”; rematando su razonamiento con dos interrogantes: ¿Cuál es mejor? ¿Cuál es peor?

Después de reconocer que el modelo anglosajón se implantó expulsando (desplazar suena demasiado sutil) a los indígenas, o masacrándolos (eliminar es demasiado liviano), el Sr. Mann nos desafía dando a entender que el modelo anglosajón no debería ser peor que el español -que sí respetó a los naturales- ya que, al fin y al cabo, después de su asesinato sistemático y planificado, las sociedades resultantes fueron viables económicamente. Es difícil superar tanto cinismo inmoral; pero no, no es inmoral; mejor dicho, lo es para cualquier persona de tradición católica -sea creyente o no-, pero encaja perfectamente con la teología puritana de los peregrinos “pilgrims” del Mayflower, para quienes la salvación del alma está reservada únicamente a unos pocos elegidos ya predestinados por Dios antes de nacer, y un signo de que forman parte de esa minoría selecta es tener éxito económico en la vida y, ojo, independientemente de sus actos; de ahí, el sorprendente razonamiento de este señor: No importa ser cruel con los demás, siempre y cuando se alcance el bienestar económico con ello, sencillamente, porque este logro sería la prueba de que Dios está de nuestro lado. Semejante crueldad forma parte del núcleo fundamental de la teología puritana, inspiradora, a su vez, de la “Doctrina del Destino Manifiesto” que rige la política exterior de EE.UU. desde su fundación hasta hoy; por eso proclamaron que “el mejor indio es el muerto” y ofrecieron cuantiosas recompensas a los desalmados que se lanzaron a su caza, cortándoles las cabelleras como prueba de haberlos asesinado. Con esta máxima se hizo la constitución de EE.UU., llena de grandes palabras que sólo incluía a los “wasps” (White, anglosaxon and protestants), algo desconocido por la gente de la calle. EE.UU. fue tierra de oportunidades para los “wasps”; para los indios fue su cementerio y, a lo sumo, su calvario y alienación en unas reservas propias de animales, con prohibición de entrar por la puerta principal en establecimientos públicos, donde negros, indios, mejicanos y perros debían hacerlo por la puerta trasera y sentarse segregados de los demás ¿Constitución? ¿Qué constitución y para quién? Para los ciudadanos de EE.UU. El problema es que los indios no tuvieron esta consideración hasta bien entrado el siglo XX (1.924. Indian Citizenship Act), lo que no impidió que se prohibiera su derecho a voto en diversos Estados hasta bien entrado el siglo. En cuanto a los negros, recordemos que no fue hasta 1.960 que se les reconocieron todos los derechos civiles, a pesar de que formalmente ya los deberían tener en 1.868. A fecha de hoy, por ejemplo, los negros tienen una esperanza de vida inferior a los blancos; ¿casualidad?; permítannos que lo dudemos. El Sr. Mann debe estar tan embebido del patrioterismo “hollywoodiense”, que no cae en la cuenta de nada que supere la consabida propaganda; ¿saben por qué?, porque EE.UU. se consolidaba como una potencia económica; ¡qué importaba el precio si Dios estaba con los ganadores! (económicamente hablando, por supuesto) ¡Qué importaba si los indios morían de hambre o de alcoholismo y los negros por la droga! Eran perdedores; así estaría predestinado por Dios. No había que tener remordimiento. A este modelo social es al que el entrevistado llama “viable económicamente”. Calla, sin embargo, que todos, absolutamente todos los virreinatos del Nuevo Mundo eran más prósperos que cualquiera de las 13 colonias al momento de su independencia de Inglaterra. Eran la envidia. Los artículos de prensa y los testimonios de viajeros, comenzando por el propio Alexander von Humboldt, así lo reflejaron. Incluso los soldados británicos admiraban la belleza de Buenos Aires en las invasiones de 1.806 y 1.807.

Los virreinatos eran tan prósperos que la prensa inglesa -Morning Post de Londres- escribía: “La riqueza real, sólida, sustancial, productiva de la América española está sobre el haz de la tierra, que es donde los británicos la cosecharán” El mismo diario arengaba: “A España hay que vencerla en América, no en Europa” El militar estadounidense John Adair decía en 1804 “México nos deslumbra, no esperamos más que la orden de marcha”, y aseveraba que ya los ingleses la habían calificado como “la ciudad más rica y espléndida del mundo” “El fraile inglés Thomas Gage consideró que era una de las ciudades más ricas y grandes del mundo y la comparó con Venecia”. Asimismo, se maravillaba de las cuatro cosas que consideraba providenciales y especialmente hermosas: Las mujeres, el vestir, los caballos y las calles servidas por ricas tiendas. El historiador mejicano Lucas Alamán afirmó que “pocas veces en la historia de la humanidad podía contemplarse y disfrutarse tal lujo y comodidad como los existentes en Méjico, cuyas monedas de oro y plata circulaban por todo el mundo”. Lo mismo podía decirse de Lima. Algunos la consideraban aún más bella que Méjico.
Llamaba la atención el gusto con que vestía su población, inclusive la gente llana, que iban “distinguidamente vestidas” La cara opuesta de la moneda era Londres: Tenía un mal pavimento. La Plaza de St. James estaba llena de basuras y desperdicios que hacían las delicias de los perros; el alcantarillado era tan malo que se inundaban las calles y en verano hedían. Londres era una ciudad insegura, ideal para los ladrones, frente a la tranquilidad y limpieza de Méjico.

De modelo extractivo nada, Sr. Mann, salvo que la neolengua de la que nos advirtiera Orwell haya envenenado también el verbo extraer.

Calla, también, que la viabilidad económica de la India la hundieron los británicos. Los mejores paños del mundo se hacían en Asia; la pañería de la India era fantástica; fue allí donde Inglaterra aprendió el arte de tejer una calidad superior, y cuando creyó que ya sabía lo suficiente hundió la industria textil de Bengala. Fue en la India donde Inglaterra aprendió la técnica para conseguir un hierro y un acero muy por encima del conseguido por ellos. Desde al menos el siglo III a.c. se producía en el sur de la India el acero Wootz, conocido por su dureza y elasticidad; llamado acero Damasco en otros lugares de oriente. Como en el caso del textil, cuando Inglaterra creyó haber aprendido lo suficiente, hundió la siderurgia india para quedarse con sus mercados ¿Son estas las sociedades viables económicamente creadas por los anglosajones? Las políticas practicadas en los 40 años principales del Raj británico (1.880-1.920) supusieron alrededor de 120 millones de muertos; ¡vaya con las sociedades viables económicamente! ¿Hablamos de lo que hicieron y siguen haciendo en Puerto Rico? ¿Cómo es posible que en un territorio dependiente de EE.UU., dos de cada 3 puertorriqueños tengan que emigrar? ¿Será masoquismo o quizá desesperación? EE.UU. hundió Puerto Rico en 1.898; hablar de ello es tabú en el país de las libertades.

Charles Mann no sabemos que será; un historiador con un mínimo de solvencia, desde luego, no.

La misiva se haría interminable. Pero merece la pena un apunte final. EE.UU. no se hubiera independizado de Inglaterra sin la extraordinaria ayuda española en el campo militar, diplomático y económico-financiero. El valor de este último aspecto se cifra en 12 billones de €, actualizados a fecha de hoy (Bernardo de Gálvez, el héroe español en la independencia de EE.UU. Leonardo Cervera. Editorial Almuzara); importe nunca devuelto por ese país tan viable económicamente. Como la velocidad se demuestra andando, recordamos al Sr. Mann que los organismos internacionales controlados por los países anglosajones de alta viabilidad económica, no perdonan un dólar a quienes recurren a ellos solicitando un crédito. Pues como lo que se debe se paga, hágase la voluntad de estos señores tan escrupulosos y vayan preparando un plan de pagos para devolvernos lo que nos deben. También le recordamos que las deudas entre Estados no prescriben, según doctrina jurídica, tanto anglosajona como hispana.

Esperamos que esta información adicional que le aportamos, fácilmente comprobable, sea de su agrado porque entendemos que un medio prestigioso como el suyo no puede ni debe dar cabida a datos relativos y sesgados sobre algo tan complejo e importante como el descubrimiento del nuevo mundo.

Fdo. Alberto Abascal
Portavoz del Protocolo de Santa Pola

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