Alonso de Quintanilla (Paderni, Cruces, Oviedo, ca. 1420 – Medina del Campo, 1500), también citado como Alfonso Álvarez de Quintanilla, fue un político y estadista español que destacó en la segunda mitad del siglo XV como contador mayor y principal impulsor de la Santa Hermandad. Pese a la importancia de su labor, sus contemporáneos dejaron sobre él solo referencias fragmentarias, tal vez fruto de la hostilidad que la alta nobleza le profesaba. Es considerado la figura asturiana más relevante del siglo XV, y dedicó toda su vida al servicio de la Corona, desde Juan II y Enrique IV de Castilla hasta, de manera especial, los Reyes Católicos.
Orígenes y formación
Hijo de Luis Álvarez de Paderni y de Orosia Álvarez de Quintanilla, labradores acomodados, mandó ampliar y reparar el monasterio de Santa Clara de Oviedo, donde dio sepultura a sus padres y a su hermano Luis. Se cree que recibió su formación en el monasterio benedictino de San Vicente de Oviedo, único centro que entonces ofrecía enseñanza en Humanidades y Derecho en Asturias.
Su primer contacto con la Corte pudo ser al servicio de Juan Pacheco, marqués de Villena, quien en 1458 le concedió un juro perpetuo sobre las alcabalas de Oviedo. Más tarde ingresó como doncel en la Corte de Juan II de Castilla y se le confió la educación del príncipe Enrique. Durante el reinado de Enrique IV ascendió rápidamente: en 1460 fue nombrado “criado, guarda y vasallo militar” y, entre 1462 y 1464, “contador de acostamientos”, interviniendo incluso como prestamista de la Corona.
Guerra civil castellana y ascenso
Durante la crisis sucesoria se unió al bando del infante Alfonso, participando en 1465 en la Farsa de Ávila y en campañas militares como la toma de Olmedo. El pretendiente le otorgó cargos clave: miembro del Consejo, contador mayor de Cuentas (cargo que retuvo hasta 1494), escribano mayor de Privilegios y Confirmaciones, alcalde mayor del Adelantamiento de Castilla y fundador de la fábrica de moneda de Medina del Campo.
Al servicio de Isabel la Católica
Tras la muerte de Alfonso (1468) volvió al servicio de Enrique IV y, posteriormente, de la princesa Isabel, quien le nombró contador mayor. En su nombre tomó posesión del Castillo de la Mota y de Ávila, y, con sus propios recursos, aseguró para Isabel villas como Sepúlveda, Ágreda y Aranda de Duero. Con astucia política y fondos personales, favoreció la entrada de Isabel en Segovia (1473) y la toma de Tordesillas (1474), ciudad que gobernó hasta 1476.
En 1474 organizó el ceremonial de proclamación de Isabel como reina en Segovia y, en 1475, fue designado alcaide del Castillo de la Mota. Durante la guerra contra Alfonso V de Portugal, recuperó la villa de Arévalo mediante negociación y con dinero propio, incluso empeñando joyas de la reina. En las Cortes de Medina del Campo impulsó la financiación de la campaña, logrando cuantiosos subsidios del clero y la nobleza que permitieron la victoria de Toro y el fin de la contienda.
La Santa Hermandad y el Censo de Quintanilla
Participó en la reorganización de la Santa Hermandad en 1476, siendo su tesorero y autor del famoso “Censo de Quintanilla”, un recuento militar y poblacional del reino que proponía la creación de un ejército permanente. Financiado en parte con su patrimonio, contribuyó también a la conquista de Canarias (1480) y a la toma de Granada (1492), gestionando el reclutamiento y aprovisionamiento de diez mil peones por parte de la Hermandad.
Relación con Colón
Según algunos cronistas, apoyó a Cristóbal Colón durante su estancia en Castilla, prestándole ayuda económica y presentándolo al cardenal Mendoza, aunque esta versión ha sido matizada por estudios posteriores.
Últimos años y legado
Rechazó títulos nobiliarios y, en 1494, ya anciano, renunció a sus cargos, retirándose a Medina del Campo. Allí fundó en 1497 un mayorazgo para su hijo Luis, que años después participó en la revuelta comunera. Falleció en 1500.
Se conservan dos discursos suyos: uno pronunciado en las Cortes de Dueñas y otro relativo al empadronamiento militar.
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