La historia de España está llena de hombres y mujeres que sirvieron a su país con valentía y sacrificio. Entre ellos se encuentra el soldado Ángel del Moral, cuya memoria merece ser recordada como ejemplo de entrega y servicio en uno de los episodios más complejos de la presencia española en el Sáhara.
En los años finales de la administración española del Sáhara, el territorio vivía una situación de creciente tensión. Las Fuerzas Armadas españolas desplegadas en la zona debían hacer frente tanto a las incursiones de fuerzas marroquíes como a las acciones guerrilleras del Frente Polisario, movimiento independentista surgido entre parte de la población saharaui.
Dentro de este escenario operaba la Agrupación de Tropas Nómadas, una unidad singular compuesta por militares españoles y personal indígena saharaui. Su misión consistía en vigilar amplias extensiones del desierto, controlar las fronteras y mantener la seguridad en una región tan extensa como inhóspita.
En mayo de 1975 tuvieron lugar dos de los acontecimientos más dramáticos vividos por estas unidades: la sublevación de las patrullas conocidas como «Pedro» y «Domingo». Integrantes saharauis de ambas patrullas se rebelaron contra sus mandos españoles, apresando a numerosos militares y trasladándolos posteriormente a territorio argelino.
Fue durante la rebelión de la patrulla «Domingo» cuando el soldado Ángel del Moral, con tan solo veintiún años de edad, perdió la vida. También resultaron heridos varios compañeros, mientras otros fueron hechos prisioneros y sometidos a meses de cautiverio y duras condiciones de vida.
Los militares capturados sufrieron maltrato físico y psicológico durante los primeros días de su cautiverio. Algunos fueron liberados por motivos de salud, mientras que el resto no recuperó la libertad hasta septiembre de 1975, gracias a las gestiones diplomáticas realizadas por el Gobierno español.
El cuerpo de Ángel del Moral fue trasladado a Argelia y enterrado provisionalmente en Tinduf. Meses después pudo ser repatriado a España para recibir sepultura en su localidad natal de Quintanilla del Agua (Burgos), donde fue despedido con honores. Sobre su tumba quedó grabada una sencilla pero significativa inscripción: «Murió heroicamente».
El reconocimiento a su sacrificio no tardó en llegar. A título póstumo recibió la Cruz al Mérito Militar con distintivo rojo, mientras que su madre fue distinguida con la Medalla de Sufrimientos por la Patria. Décadas más tarde, en 2014, le fue concedida también la Gran Cruz del Reconocimiento Civil a las Víctimas del Terrorismo.
La figura de Ángel del Moral simboliza el sacrificio de todos aquellos militares españoles que sirvieron en las antiguas provincias africanas durante unos años especialmente difíciles. Su historia recuerda no solo el valor individual de un joven soldado, sino también el sufrimiento de quienes perdieron la vida, resultaron heridos o soportaron largos periodos de cautiverio lejos de su hogar.
Hoy, más de medio siglo después de aquellos acontecimientos, su recuerdo sigue vivo como parte de la memoria histórica de España y del legado de quienes cumplieron con su deber en circunstancias extraordinariamente difíciles.
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