Felipe Ducazcal fue una de las figuras más influyentes, carismáticas y pintorescas de la sociedad madrileña de la Restauración. Nacido en Madrid en 1845, destacó como un audaz empresario teatral; fundó el célebre e innovador Teatro Felipe en los Jardines del Buen Retiro y gestionó locales insignes como el Teatro de la Zarzuela y el Teatro Español, siendo un dinamizador clave de la comedia y el género lírico que unía culturalmente a la Hispanidad. En su faceta periodística, fundó el popular diario vespertino «El Heraldo de Madrid» y estuvo al frente de importantes talleres de imprenta, desde donde llegó a imprimir de forma clandestina las proclamas de la Revolución de 1868 (La Gloriosa).
En el plano político, fue un ferviente partidario del general Juan Prim, defensor del rey Amadeo I y, posteriormente, diputado a Cortes por Madrid (1888-1890). Su audacia le llevó a liderar la famosa ”Partida de la Porra”, un grupo de agitación y defensa callejera de carácter liberal-progresista.
Sin duda, el episodio más impactante de su vida ocurrió el 10 de diciembre de 1870, cuando se batió en un duelo a pistola a muerte en el arroyo Abroñigal contra el político republicano José Paúl y Angulo. Ducazcal resultó herido de gravedad por un disparo en la oreja. Aunque sobrevivió milagrosamente, la bala quedó alojada en su cabeza. Veinte años después, las complicaciones médicas crónicas derivadas de aquel proyectil le causaron la muerte a la temprana edad de 46 años. Su multitudinario entierro en la Sacramental de Santa María paralizó las calles de Madrid, reflejando el inmenso afecto popular que se le profesaba. El propio Benito Pérez Galdós lo inmortalizó como personaje en sus célebres Episodios Nacionales.
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