Cementerio de Alhucemas MARRUECOS

Una visita al cementerio español nos lleva a ese lugar donde los muertos nos hablan de los vivos, y donde la muerte une lo que la vida mantuvo separado. En este espacio de memoria, reposan sin distinción moros, cristianos y judíos, compartiendo la misma tierra en silencio. Las lápidas nos revelan una dura realidad de otros tiempos: se moría joven. Son numerosas las tumbas de niños y muchachos, testigos mudos de vidas truncadas demasiado pronto.

El cementerio, de planta cuadrada, está rodeado por sencillos muros encalados. Sobre un terreno sin pavimentar, la vegetación salvaje crece libremente entre las sepulturas. En su interior se conservan placas conmemorativas dedicadas a los caídos en la campaña de Alhucemas (1925-1929) y a quienes sirvieron a la Patria entre 1927 y 1932. Destaca un gran mausoleo de forma octogonal, concebido como un jardín, en homenaje a los legionarios fallecidos.

Contrasta la sobriedad de la mayoría de las tumbas y nichos con algunos mausoleos, pocos pero llamativos, que rompen la uniformidad del conjunto. Una de las sepulturas guarda los “restos humanos de los cementerios de Targuist y Torres”, como se lee en su lápida, condensando en una sola inscripción la memoria dispersa de otros lugares.

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