CEMENTERIO SAN CARLOS. PUERTO DE SANTA CRUZ, TENERIFE

En 1785, Carlos III prohibió los enterramientos en iglesias y ordenó construir cementerios fuera de las poblaciones. Sin embargo, la falta de medios y la resistencia popular retrasaron su aplicación. En Canarias, en 1800, el obispo Manuel Verdugo y Albiturria reafirmó el uso de iglesias para sepulturas. En 1804, Álvarez Rixo menciona la decisión de construir un cementerio, pero la epidemia de fiebre amarilla en 1811 aceleró la creación del Cementerio de San Carlos en las afueras.

En 1810, Santa Cruz sufrió una epidemia de fiebre amarilla. Las Juntas de Sanidad de La Orotava, Los Realejos y Puerto de la Cruz intentaron contenerla sin éxito. El Puerto de la Cruz quedó en cuarentena y se establecieron cordones sanitarios. Entre 1810 y febrero de 1811, murieron 680 personas. Con escasa mano de obra para los entierros, las autoridades recurrieron a prisioneros franceses. Los cadáveres, transportados en carretas, fueron sepultados en descampados junto al Castillo de San Felipe, donde se construyó el Cementerio.

En 1813, se edificó el pórtico del cementerio, con la inscripción “OSSA HUMILIATA EXULTABUNT DOMINO” (huesos humillados se regocijarán en el Señor), bajo la alcaldía de Salvador Luis González. En 1839, al construir la capilla, se encontraron restos mal ubicados, reflejando el desorden del cementerio. La capilla y los jardines se completaron el 1 de agosto de 1840. El 11 de abril de 1850, el gobernador Antonino Halle visitó el cementerio y su capilla. Actualmente, el Cementerio de San Carlos está incluido en el entorno protegido del Conjunto Histórico de Puerto de la Cruz, declarado el 9 de junio de 2000

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