Carlos Agustín Díaz
Participó en la Guerra de las Malvinas como miembro del Ejército Argentino sirviendo como Soldado Conscripto.
El cuerpo de Carlos Díaz fue uno de los 112 enterrados en el Cementerio de Darwin de forma anónima bajo una lápida en la que se leía “Soldado conocido sólo por Dios”.
Tras el fin del conflicto bélico, el Reino Unido se ofreció a enviar los cuerpos de los argentinos enterrados en el Cementerio de Darwin al territorio continental argentino pero los familiares de los caídos se negaron argumentando que “no hay nada que repatriar, porque están en su patria” reivindicando con este gesto la reclamación argentina sobre la soberanía de las Islas Malvinas.
Los cuerpos de los soldados “conocidos sólo por Dios” fueron identificados mediante pruebas de ADN realizadas hasta el año 2017 gracias a la Fundación “No me olvides” creada por el argentino Julio Aro y así la tumba de Carlos Agustín Díaz pudo disponer de un nombre en su cruz.
La Ley nacional argentina 24.950/98 le declaró Héroe Nacional por haber fallecido como combatiente durante la Guerra de las Malvinas, en el año 1982, en defensa de la soberanía nacional sobre las Islas del Atlántico Sur.
Carlos Agustín Díaz
Un joven tímido, callado y con dificultades para socializar. Carlos Díaz era uno de los ocho hermanos de otra familia humilde de General Pinedo, en Chaco. Era hincha de Boca, jugaba muy bien al fútbol, pero su verdadera pasión eran los caballos. Trabajaba como jornalero en una zona rural y hacía destronques con un hacha.
Durante décadas, la familia recibió un sinfín de rumores sobre la suerte que corrió Carlos Díaz en Malvinas. Se les dijo desde que estaba herido, que le faltaba una pierna, hasta que estaba sano y salvo para regresar a su casa. Recién en 2017, su madre Victorina recibió la noticia de que su hijo se encontraba enterrado en Darwin. Aún resta poder definir cómo y cuándo perdió la vida el joven chaqueño de 18 años.
Fuentes:
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