Gerónimo Giménez Bellido (Sevilla, 10 de octubre de 1854 – Madrid, 19 de febrero de 1923) fue un compositor y director de orquesta español destacado en la música teatral, especialmente en la zarzuela. Hijo del músico José María Giménez y de Antonia Bellido, comenzó su formación musical desde joven, destacando en Cádiz como seise y ganando premios de violín. Su carrera como director de orquesta empezó a los dieciséis años, y en 1869 ya dirigía la compañía de ópera y zarzuela del teatro Principal de Cádiz.
Tras estudiar en el Conservatorio de París, volvió a España por problemas de salud en 1877, y empezó a ganar notoriedad. En 1885 debutó como compositor con »El vermouth de Nicomedes», y luego siguieron éxitos como A mata caballo y Los molineros. En la década de 1890, su popularidad creció con obras como Los voluntarios y El baile de Luis Alonso, obras que aún hoy son representadas en el repertorio clásico del género chico.
Aunque sus composiciones abarcaron todo tipo de zarzuelas y operetas, algunas obras, como Trafalgar y La tempranica, destacaron tanto por su calidad musical como por su éxito en taquilla. A lo largo de su vida, colaboró con importantes libretistas como Javier de Burgos y Amadeo Vives, consolidándose como un autor de referencia en el teatro musical español.
Sin embargo, con el auge de nuevos géneros como el cuplé y la llegada del cinematógrafo, el género chico sufrió un declive, lo que afectó tanto la carrera de Giménez como su salud. A pesar de algunos éxitos tardíos, como La embajadora (1916) y Soleares (1919), sus últimos años estuvieron marcados por la pobreza y el olvido, muriendo en Madrid en 1923.
Su legado musical, particularmente en la zarzuela, es recordado por su capacidad para fusionar el drama con elementos cómicos y populares, dejando una huella significativa en la historia de la música española.





