Melchor de Torralba, marino de profesión y vocación, desarrolló una destacada carrera en la milicia naval, sirviendo con honor y forjándose un próspero futuro. Aprovechó las flotas que unían España con las Indias para ingresar en la Marina, donde su capacidad le valió el cargo de sargento mayor de la Carrera de Indias. Con esfuerzo y gestas heroicas, alcanzó el Almirantazgo en la navegación indiana, viviendo su mayor esplendor a comienzos del siglo XVII.
Pese a su éxito, prestigio y bienestar, no olvidó su origen medinense y dispuso que, tras su muerte, sus restos reposaran en la iglesia de Santo Tomás de Medina del Campo, igual que los del también marino y capitán general de la Carrera de Indias, Juan Gutiérrez de Garibay
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