En 1785, Carlos III prohibió los enterramientos en iglesias y ordenó construir cementerios fuera de las poblaciones. Sin embargo, la falta de medios y la resistencia popular retrasaron su aplicación. En Canarias, en 1800, el obispo Manuel Verdugo y Albiturria reafirmó el uso de iglesias para sepulturas. En 1804, Álvarez Rixo menciona la decisión de construir un cementerio, pero la epidemia de fiebre...








